"Yo sabía... Yo sabía... La más grande... la tienen las gallinas..." En el fútbol siempre hay canciones que aluden al sexo: "Bájense los pantalones que los vamos a cojer", "Te cogimo' en Mar del Plata", "Che, bostero, hijo de puta, te volvimos a coger". ¿Quieren saber cómo son estos machos reales? ¿Cómo la tienen? Cómo me gustaría ser la puta de este pedazo... O encontrarme en un ascensor con Cavenaghi y pedirle que me haga el gol... Más me gustaría encamarme al plantel entero... O que me apoye la verga de este macho un día en la popular llena de homofóbicos... O besar poco a poco ese bulto perfecto y delicioso... O que uno de los flacos con los que voy a la cancha de pronto me muestre la pija... Y que después me haga probar la leche... Y limpiársela toda... Hasta la última gota...
Amigo querido, me volvés loco. Nos conocimos hace cinco años, más o menos. ¿Por el fútbol fue? Puta, ya ni me acuerdo. Sí, éramos compañeros de un equipo de fútbol. El tema es que pegamos onda. Empezamos a juntarnos en una esquina a hablar de fútbol y a tomar una birra de vez en cuando. Como también queríamos drogarnos, nos juntábamos en su casa. Tomábamos birra, fumábamos faso, él tomaba merca a veces. Hace seis meses que... lentamente... empezó a tirarme indirectas. Pequeñas, imperceptibles. Otras flagrantes, inequívocas. Hace seis meses que pienso en él. Ya no como un amigo. Ya no como un amante. Pienso en él como un Hombre (con mayúscula), un protector, alguien que viene a mostrarme cómo es un macho de verdad. Todo empezó cuando un día nos peleamos. Fue una boludez: fuimos juntos a un cumpleaños, y yo decidí irme antes. Él se enojó por esto. La cosa es que la discusión, en medio de la borrachera, subía de tono: "Sos un boludo", me reprochaba. "¿Por qué te ...