Buenas a todos. Está claro que mi nombre no es Federico Foster. Hace cinco años que quise abrir este blog. No lo hice antes creyendo que iba a poder controlar esto. Pero no puedo más. El tema es que no dejo de pensar en mi mejor amigo. Estoy recontra caliente. Y la idea de este blog es darle la mayor cantidad de detalles de esta calentura. Les aclaro: lo que voy a contarles acá es absolutamente real.
Vamos a empezar por quién soy yo. Yo soy un tipo gay, ligeramente afeminado. Más allá de eso tengo ojos café claros, el pelo castaño oscuro y facciones muy lindas y pícaras. Muchos me dicen que soy relindo, que parezco un actor o algo así. Me gusta el fútbol a pleno y soy fanático de uno de los clubes grandes de Argentina. Es más, también voy a la cancha. Digamos que soy el típico facherito que alguna que otra mina se comió pero que, por el tipo de ambiente varonil que frecuento, no te esperás que sea gay. Pero lo sospechás. Lo sospechás desde que me conocés.
Mi mejor amigo es un macho bien argento. Es hincha de un club del ascenso, fanático tribunero. Tiene la voz ronca como si escupiera testosterona, los brazos son duros de tanto subir y bajar cajas en el laburo. Es de esos machos bien machos que sabés que el cuerpazo lujurioso que tienen lo hicieron laburando y no levantando pesas en el gimnasio. No saben lo que son las piernas. Las piernas son mi debilidad. Esas piernas durísimas, con la cantidad justa de pelo, marcadas de tanto jugar a la pelota de chico. Una vez fui a verlo jugar. Nunca debería de haber ido. Vi por primera vez esa combinación de botines y shortcito negro que marcaba ese bulto hermoso bamboleándose al son de ese cabalgar entre machos. Así es él. Pelo castaño, ojos castaños, una voz de macho tan ronca que te hace humedecer la cola, esas manos pesadas que caen como ladrillos cada vez que me da una palmada, esos dedos gruesos y sucios que me los imagino entrando y saliendo de mi orto que... aunque no lo crean... es virgen.
Si. Soy virgen. Virgen del culo, nomás, jajaja. Se los juro. Siempre quise saber qué se sentía pero bue... nunca se dio. Creo que todos son indignos de mi orto. Todos menos él. Menos ese macho de barrio que hace que mi cola se moje, se abra, se retuerza y grite con una sola palabra. Mi amigo debe de garchar como un toro endiablado. Tengo 30 años y no veo la hora de que un día venga a mi casa, como de costumbre, a tomar algo nada más... hasta que de pronto me sorprenda por detrás y me agarre y me acose y en el oído me diga porquerías. Qué ganas tengo de que me apoye ese bulto lleno de leche en la cola y de que me haga gemir y gritar. Quiero darle todo lo que soy, quiero que me haga sentir mujer.
Eso es lo que él siempre me dice (con voz de macho homofóbico): "Los putos quieren sentirse mujer". Ay, amigo, cómo quisiera que me trates como a una de esas putas baratas que te cojés, que me revientes el orto con esa pija que cada puta noche me imagino. Cómo quisiera olerte ese bulto enorme que tenés. ¿Tan grande tenías que tener el bulto, papá? ¿Tan gruesa tenés esa verga?
Yo sé que la tiene grande. No porque se la haya visto. Ojalá. Ojalá algún día pueda contarles cada detalle de ese pene gordo lleno de leche, lleno de personalidad. Ahora les voy a contar por qué sé que la tiene grande. La tiene grande porque siempre me dice... "Mi chota está más dura que esto (tratando de abrir un frasco)", "Mi viejo tiene alto peceto", "Si me la ves, me vas a envidiar la pistola", y "En el sexo a mí me gusta probar todo".
Epa. Sé que esa frase los descolocó. Y cuando yo la escuché también. Me dejó pensando. ¿Pensando en qué? ¿Qué me quiso decir ese macho prohibido que hasta entonces yo creí que no tenía ni la más remota chance? Bueno, hasta ese momento lo tenía prohibido. Reprimido. Siempre me recontra calentó, pero nunca quise engancharme porque sabía que le gustaban las minas. Pero desde esa frase dejó abierta una posibilidad (y mi cola, después de mucho tiempo, también se abrió). Y no fue la única cosa que pasó.
Todo está subiendo poco a poco de tono. Él (y siempre él) está subiendo la apuesta. Está buscándome cada vez más. Por eso hice este blog. Para contarles la fantasía más grande de mi vida. Para contarles todo.
Todavía no pasó nada. Este fin de semana va a venir a casa. Prometimos ponernos borrachos porque se me termina una semana de vacaciones. Ojalá se me dé. Nos vemos a la vuelta.
Vamos a empezar por quién soy yo. Yo soy un tipo gay, ligeramente afeminado. Más allá de eso tengo ojos café claros, el pelo castaño oscuro y facciones muy lindas y pícaras. Muchos me dicen que soy relindo, que parezco un actor o algo así. Me gusta el fútbol a pleno y soy fanático de uno de los clubes grandes de Argentina. Es más, también voy a la cancha. Digamos que soy el típico facherito que alguna que otra mina se comió pero que, por el tipo de ambiente varonil que frecuento, no te esperás que sea gay. Pero lo sospechás. Lo sospechás desde que me conocés.
Mi mejor amigo es un macho bien argento. Es hincha de un club del ascenso, fanático tribunero. Tiene la voz ronca como si escupiera testosterona, los brazos son duros de tanto subir y bajar cajas en el laburo. Es de esos machos bien machos que sabés que el cuerpazo lujurioso que tienen lo hicieron laburando y no levantando pesas en el gimnasio. No saben lo que son las piernas. Las piernas son mi debilidad. Esas piernas durísimas, con la cantidad justa de pelo, marcadas de tanto jugar a la pelota de chico. Una vez fui a verlo jugar. Nunca debería de haber ido. Vi por primera vez esa combinación de botines y shortcito negro que marcaba ese bulto hermoso bamboleándose al son de ese cabalgar entre machos. Así es él. Pelo castaño, ojos castaños, una voz de macho tan ronca que te hace humedecer la cola, esas manos pesadas que caen como ladrillos cada vez que me da una palmada, esos dedos gruesos y sucios que me los imagino entrando y saliendo de mi orto que... aunque no lo crean... es virgen.
Si. Soy virgen. Virgen del culo, nomás, jajaja. Se los juro. Siempre quise saber qué se sentía pero bue... nunca se dio. Creo que todos son indignos de mi orto. Todos menos él. Menos ese macho de barrio que hace que mi cola se moje, se abra, se retuerza y grite con una sola palabra. Mi amigo debe de garchar como un toro endiablado. Tengo 30 años y no veo la hora de que un día venga a mi casa, como de costumbre, a tomar algo nada más... hasta que de pronto me sorprenda por detrás y me agarre y me acose y en el oído me diga porquerías. Qué ganas tengo de que me apoye ese bulto lleno de leche en la cola y de que me haga gemir y gritar. Quiero darle todo lo que soy, quiero que me haga sentir mujer.
Eso es lo que él siempre me dice (con voz de macho homofóbico): "Los putos quieren sentirse mujer". Ay, amigo, cómo quisiera que me trates como a una de esas putas baratas que te cojés, que me revientes el orto con esa pija que cada puta noche me imagino. Cómo quisiera olerte ese bulto enorme que tenés. ¿Tan grande tenías que tener el bulto, papá? ¿Tan gruesa tenés esa verga?
Yo sé que la tiene grande. No porque se la haya visto. Ojalá. Ojalá algún día pueda contarles cada detalle de ese pene gordo lleno de leche, lleno de personalidad. Ahora les voy a contar por qué sé que la tiene grande. La tiene grande porque siempre me dice... "Mi chota está más dura que esto (tratando de abrir un frasco)", "Mi viejo tiene alto peceto", "Si me la ves, me vas a envidiar la pistola", y "En el sexo a mí me gusta probar todo".
Epa. Sé que esa frase los descolocó. Y cuando yo la escuché también. Me dejó pensando. ¿Pensando en qué? ¿Qué me quiso decir ese macho prohibido que hasta entonces yo creí que no tenía ni la más remota chance? Bueno, hasta ese momento lo tenía prohibido. Reprimido. Siempre me recontra calentó, pero nunca quise engancharme porque sabía que le gustaban las minas. Pero desde esa frase dejó abierta una posibilidad (y mi cola, después de mucho tiempo, también se abrió). Y no fue la única cosa que pasó.
Todo está subiendo poco a poco de tono. Él (y siempre él) está subiendo la apuesta. Está buscándome cada vez más. Por eso hice este blog. Para contarles la fantasía más grande de mi vida. Para contarles todo.
Todavía no pasó nada. Este fin de semana va a venir a casa. Prometimos ponernos borrachos porque se me termina una semana de vacaciones. Ojalá se me dé. Nos vemos a la vuelta.




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